Coach Seedorf y cómo dar confianza a los jugadores jóvenes
Frederik Hvillum
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Coach Seedorf entrena a jugadores de la Premier League y a niños sub-10. Su consejo para los entrenadores: primero, la confianza. Y que el estatus nunca cambie las normas.
Kwaku Ohemeng es difícil de localizar. "La gente te dirá que no cojo el teléfono", dice. Pero cuando un jugador logra contactar con él, la relación cambia para siempre. "Una vez que te he entrenado, pasas a ser de mi familia".
Todos lo conocen como Coach Seedorf. En Ghana decían que jugaba como Clarence Seedorf, y el apodo se le quedó. Algunos pensaban que tenía todavía más calidad y le añadieron Zidane, así que durante un tiempo fue Zinedine Seedorf.
Lleva más de 25 años entrenando. Los jugadores a los que entrenó en Ghana con cinco y seis años tienen hoy 30. En Inglaterra, por sus sesiones han pasado Patrick Dorgu, del Manchester United, y Axel Tuanzebe, del Auxerre.
En Veo hablamos con él porque los entrenadores de cualquier nivel pueden aprender de su forma de trabajar.
Cada jugador, un sitio en la familia
"Nunca he tenido un cliente. Tengo familia. Cada jugador que entreno pasa a ser de mi familia", responde cuando le preguntan por su relación con los jugadores.
Y lo dice en serio: para él, Dorgu es su hijo. En Instagram llama a sus jugadores "mi familia" y nunca ha llamado cliente a ninguno. "Sobrina, hermano, hermana… da igual quién seas: a cada uno le doy un sitio en la familia".
El estatus no cambia nada. "Seas jugador de la Premier League o de un sub-10, pongo todo el corazón en entrenarte. Y tienes que querer a alguien para poder ayudarlo de verdad".
El precio de la sinceridad
Coach Seedorf cree que muchos entrenadores que trabajan con jugadores de élite se cortan. "Les da miedo corregirlos. Piensan: si les digo la verdad, los pierdo y ya no vuelven conmigo".
Él no tiene ese miedo. "No hago esto para contentar a nadie. El dinero, la fama y todo eso no me mueven".
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"Si eres un vago, te lo voy a decir: eres un vago. Si luego vuelves, perfecto. Te sorprendería saber que estos jugadores, a veces, quieren a alguien que les diga la verdad".
Exigente porque los quiere
Antes y después de cada sesión, no para de bromear. En cuanto empieza el entrenamiento, se acaba la sonrisa. "Me río contigo y bromeo contigo antes y después de la sesión, pero no durante".
En su campo, un nombre famoso no sirve de nada. "Cuando pisas mi campo, me escuchas. Me da igual tu estatus. Puedes jugar en el Real Madrid o en el Manchester United, me da igual".
Para él, la exigencia forma parte del cariño. "En el fondo, soy tan exigente por lo mucho que los quiero. Si tienes un hijo, todo lo que haces por él es para que triunfe".
En su pódcast, It's All About Kids Football, Ben Welch y Mike Clark hablan abiertamente de lo difícil que es entrenar a sus propios hijos.
Todo lo que enseña tiene que funcionar ante una realidad: cuando empieza el partido, el jugador está solo. "Cuando pisas el campo, yo no estoy ahí".
Por eso, con cada jugador nuevo, lo primero es que crea en sí mismo. "Yo puedo enseñarte de todo, y puedes aprender cualquier cosa de cualquier entrenador. Pero si no tienes confianza, cuando pisas el campo yo no puedo hacer nada en ese momento. Solo te queda salir al campo y demostrar lo que vales. Y eso sale de tu confianza".
Pone como ejemplo a Zidane, cuyo instinto nacía de cómo se veía a sí mismo. "Cuando sales al campo, piensas que aquí mandas tú".
Lo que aprendió en Ghana
Los entrenadores que le enseñaron de niño nunca habían oído hablar de un título de entrenador. "Pero eran muy buenos", dice. Cree que entrenar es, sobre todo, algo natural: una cuestión de pasión y de guiar a los jugadores "de una forma que les ayude en el futuro. No solo dentro del campo, también fuera".
Acepta que la ley exige titulación, que en Inglaterra incluye además la formación en protección de menores que necesita cualquier entrenador de fútbol base.
Su consejo más claro tiene que ver con el tiempo. "No puedes comparar a un jugador que madura pronto con uno que madura tarde. Son dos cosas distintas. Algunos de los que entrenas lo pillarán antes. A otros les llegará más tarde".
Hay familias que le cuentan lo que provoca la impaciencia: a sus hijos les gritaban por ir por detrás de los demás niños. "Es porque los entrenadores no tienen la paciencia de entender que cada persona se desarrolla en etapas distintas". Charlie Mulgrew vio lo mismo en el equipo de su hijo: jugadores de los que "la gente habría dicho que no eran muy buenos" cambiaron por completo en cuanto tuvieron una forma de jugar y la confianza que eso da.
Consejos para entrenadores que empiezan
Cuando le preguntamos qué les diría a los entrenadores que empiezan, fue breve. Aprende de los demás y llévalo a tu terreno.
"No digo que copies, pero aprendes e intentas hacer lo tuyo". Cree en ti mismo, porque un entrenador al que intimida un nombre famoso pierde al jugador.
"Si dejas que el estatus de un jugador pueda contigo, no llegarás a ninguna parte". Y ten paciencia, porque no hay dos jugadores que se desarrollen al mismo ritmo. Rob Howard, exjugador del Southend United, odió sus tres primeros meses como entrenador, y ahora el Ferdinand Collective ayuda a entrenadores nuevos como él a dar sus primeros pasos.
Coach Seedorf nunca ha hecho publicidad. "Los jugadores con los que trabajo son los que me traen a más gente", dice. Otros jugadores ven cómo trabajan y acaban buscándolo.
Quienes consiguen llegar hasta él entran en una familia que va de Ghana a la Premier League. "En cuanto pisas mi campo, eres mi hijo o mi sobrino", dice. "Así que te trato con cariño y con todo lo que eso conlleva".



