"Pruébalo ahora mismo. Nunca ha habido un momento mejor."
Frederik Hvillum

La fotógrafa autodidacta Madeleine Penfold ha dedicado su carrera a documentar a las personas que el fútbol suele olvidar. Sobre lo que es crecer a pie de campo en Manchester, por qué el fútbol femenino es mucho más que un simple deporte y qué hace falta para que alguien sienta que tiene su lugar en el encuadre.
Madeleine Penfold creció en el norte de Manchester. No muy lejos de su casa había un descampado enorme donde los niños del barrio iban a jugar. Sin jardines traseros ni instalaciones oficiales. Solo un trozo de césped y quienquiera que apareciera por allí.
"El fútbol era aquello que nos unía y por lo que nos peleábamos", cuenta. "Yo era de las pocas chicas. A veces me dejaban jugar, otras no".
También era la época de la "Class of 92". El Manchester United estaba en la tele, en los periódicos; David Beckham y Giggs representaban algo de la ciudad que resultaba eléctrico para una niña del norte de Manchester.
"Lo sentía como un vehículo hacia el éxito", dice. "Como algo que me sacaría de mi pequeño campo de juegos".
Tuvo su primera cámara a los 14 años. Para entonces, el fútbol había pasado a un segundo plano. Los aficionados que veía apoyando al United no le recordaban a su mundo. Según ella, se sentía algo agresivo. Muy masculino. Así que se pasó a la música, a la cultura y a las cosas que sentía que sí tenían un espacio para ella.

No fue hasta los 27 años cuando empezó a fotografiar el deporte femenino. El momento, dice ahora, fue perfecto.
Lo que la cámara del partido no ve
Hoy en día, Madeleine trabaja a nivel internacional como fotógrafa y directora, especializándose en deportes, narrativa y todo lo que ocurre en los márgenes de un encuentro. Campañas comerciales. Clubes comunitarios. Fútbol sala de barrio. Atletas de élite.
Lo que ella busca nunca es el momento en que el balón toca la red.
"El fútbol es el deporte más seguido del mundo", explica. "Por eso tiene ese poder enorme de enviar mensajes, de sacar a la luz temas importantes y de llegar a muchísima gente. Un club no es nada sin su afición, y vivimos en comunidades muy diversas. Me encanta capturar las diferencias, los matices, lo que representa el juego, que es la multitud de personas que lo apoyan".
La cámara del partido sigue al balón. Madeleine sigue todo lo demás.
Hacer visible lo invisible
En los primeros años del Manchester United Women, antes de que el equipo tuviera un fotógrafo dedicado o una cobertura mediática real, Madeleine se ofreció como voluntaria. Se presentó, preguntó si podía fotografiar los partidos y empezó a documentarlos.
"Recuerdo que los fans empezaron a seguirme en Instagram y me decían: 'por primera vez desde que estás ahí, nos vemos reflejados. Nos sentimos escuchados y vistos por el club'".
La imagen que se le quedó grabada vino más tarde. Fotografió a cinco jugadoras del Manchester United en un trono. La imagen acabó en el exterior de Old Trafford la semana que el equipo femenino jugó uno de sus primeros partidos allí. Ella estaba presente cuando las jugadoras llegaron en el autobús y la vieron por primera vez.
"Leah Galton dijo: 'esto es increíble'. Y yo quería que ella sintiera eso. Pero también me enfureció, porque no debería asombrarse por algo así. La imagen de estas chicas debería proyectarse en vallas publicitarias durante todo el año, no solo en la ocasión especial en la que pueden jugar en el estadio masculino".
Esa tensión está presente en todo lo que hace. Celebración y frustración al mismo tiempo. Orgullo por lo lejos que se ha llegado. Impaciencia por todo lo que queda por recorrer.
Una sala con Hillary Clinton
En 2024, un contacto que hizo en los Juegos Olímpicos de París le valió una invitación de la consultora de deporte femenino Laura Correnti. Las fotografías de Madeleine se convirtieron en la pieza central de una cena en Christie's, en Nueva York, junto a Hillary Clinton, planteando la pregunta: ¿qué es lo siguiente?
"Fue una de las mejores experiencias que he tenido", afirma. "Una sala llena de personas con un poder inmenso y que han logrado muchísimo en la lucha por la igualdad".
La conversación giró en torno a las imágenes que había creado, desde equipos comunitarios de base en Londres hasta atletas de élite en EE. UU. y regiones de todo el mundo que no cuentan con los privilegios y oportunidades que existen en Inglaterra. Cada imagen transmitía una historia sobre el camino que alguien había recorrido para llegar hasta allí.

"Se sintió como: ya estamos aquí. El deporte femenino ha llegado. La pregunta era cómo seguimos invirtiendo en las comunidades que más lo necesitan y qué puede hacer cada uno desde su rol para impulsarlo aún más".
Simplemente ve y pruébalo
La campaña "This Girl Can" de Sport England en la que trabajó el año pasado encargó una investigación de diez años sobre a quién seguía dejando atrás el deporte. Las conclusiones señalaron las mismas barreras de siempre: falta de tiempo, falta de ingresos y falta de representación. La investigación confirmó que, si no te ves reflejada en algo, no crees que sea para ti.
"En cuanto empiezas a verlo y alguien empieza a eliminar esas barreras, la gente puede asumir esos roles y progresar con más facilidad", afirma.
Para una niña de diez años que hoy está en la banda, sin tener claro si este deporte es para ella, su respuesta es directa.
"Simplemente ve y juega. Si no encajas en un equipo o en un deporte, ve al siguiente. La cultura y las sensaciones pueden ser totalmente distintas de un equipo a otro. Lo peor que puede hacer alguien es darle vueltas a algo y no hacerlo, pensarlo demasiado, cuando si simplemente sales y lo haces, te das cuenta enseguida de que te encanta. Nunca ha habido un momento mejor".
Lo dice con la confianza de alguien a quien no siempre dejaban jugar en el campo cerca de su casa, y que desde entonces ha dedicado años a asegurarse de que otras personas sí puedan verse reflejadas en el juego.



